NACI EN EL MEDITERRÁNEO

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Así reza la famosa canción de Joan Manuel Serrat, conocido también como “el nano”. Sin embargo, lejos estoy de hablar de música en el día de la fecha. Sucede que, retomando un poco el tema educación, encontré un artículo bastante interesante que me gustaría considerar.

Para ser más preciso, El País fue quien me proporcionó la información y, a partir de lo leído, me quedé reflexionando un poco.

Básicamente, lo que el diario analiza es una hipótesis lanzada por la patronal CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) en la que cuasi asegura (dado que es una mera hipótesis) que la herencia genética podría influir en el rendimiento académico. Además, pone en tela de juicio el hecho de que las mujeres se dediquen a la docencia por tener que hacerse cargo de las tareas del hogar (situación que impide la educación con horarios continuos / doble escolaridad, puesto que una mujer debe llevar adelante una familia además de trabajar, lo que transforma a esto en una tarea ardua que sólo podrá hacer a medias). Asimismo, destaca que el gasto en educación no es lo más importante. De hecho, quienes coinciden con este punto aseguran que “El dinero es importante, pero no lo más importante. Los informes de la OCDE demuestran que hay países que dedican a la educación un porcentaje bajo del PIB y obtienen mejores resultados que otros que destinan una proporción mayor”.

Ahora bien, ¿por qué me ha hecho pensar esto que se está debatiendo en España? Más que nada surgió porque, como señalé en otra nota, la educación es un tema que me interesa mucho y, además, estoy convencido de que urge cambiar nuestro sistema cuanto antes. Por otro lado, más allá de lo “simpático” que me pareció leer que “la herencia fijada en los cromosomas de los alumnos puede influir en el éxito escolar por encima del nivel socioeconómico o educativo de las familias” (nótese el entrecomillado para la palabra simpático. Sí, es sarcasmo puro) me llevó directamente a nuestra crisis actual y a pensar si quizás en nuestro país también existe esa creencia de que no es necesario invertir en educación para obtener mejores resultados. Evidentemente algo de eso hay. De lo contrario, ¿cómo se explica la compra de un modelo ya fracasado en Europa?

En fin, el problema es el mismo de siempre presentado en distintas áreas. Hoy, educación. Mañana, salud. Y ni hablar de política porque ahí sí que redoblamos la apuesta con nuestra saga y proyectamos LA GRAN ESTAFA, VERSIÓN 3D (para los que no se quieren perder ni el más pequeño de los detalles).

Pero bueno, hoy nos toca el ámbito académico y a pesar de que estoy mirando hacia el Mediterráneo, sepan que tiene una razón de ser. ¿Vieron que las reflexiones surgen siempre de un disparador? Bueno, esta nota que leí, junto con nuestra actualidad, me llevó a hacer de dos noticias aisladas un todo. Porque a los pocos minutos leí algo que no es para nada novedoso en nuestra sociedad: otra vez paro estudiantil. ¿El motivo? Reclamo de mejoras edilicias y educativas. Y sí, no faltará quien salga a decir que esos chicos vayan a estudiar en lugar de protestar tanto. Y, ¿saben qué? Yo sería el primero en expresar eso si no fuera porque me parece más que válido el reclamo. Porque lo que ocurre es producto precisamente de ese pensamiento soberbio y cínico que no enlaza a la educación con la economía, puesto que para esas personas la inversión en educación no tiene nada que ver con el rendimiento académico… ¿Qué nos está pasando? ¿Quién puede creer una incoherencia así? Hay escuelas que se caen a pedazos, sufrimos heladas este invierno y hay establecimientos que aún se encuentran a la espera de estufas (manteniendo la lógica de este país, no se preocupen, para la primavera-verano 2012 las escuelas de frontera tengan calefacción central).

Nos quejamos de los paros de los docentes, pero no comprendemos que cuando hay que recortar y ajustar gastos, ellos son los que pelean la punta de la lista. Y si hablamos de recortes, no podemos dejar de lado los programas paupérrimos en donde ya no saben qué materia inventar para que sea pintoresca, evada al verdadero conocimiento y contribuya a que “el alumno se sienta motivado”, es decir, entre líneas, para que el estudiante no aprenda más que acontecimientos a medias y contenidos triviales. Seguramente, un nuevo programa incluya “Recreo 1, 2 y 3. Claves para entretenerse en el patio del colegio y olvidar las ganas de regresar al aula”.

Sinceramente, como ya lo he mencionado en otra ocasión, me pone muy triste esta situación y ver que otros países discuten cuestiones tan importantes basados en banalidades y argumentos sin sustento atormenta mis pensamientos.

Considerando que tenemos un máster en copiar las fallas de otras sociedades, no me extrañaría que al compás de “Nací en el Mediterráneo” del talentoso Nano acabemos diciendo que las mujeres no pueden dar clase, que el éxito escolar depende de los genes y que no es necesario incrementar el presupuesto educativo. Si es así, estamos fritos.

Fabián Digiano

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QUE LA EDUCACIÓN NO SEA OTRA GRAN ESTAFA

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Hace mucho tiempo que vengo meditando acerca de la educación que en estas últimas décadas recibimos los argentinos y, sinceramente, el resultado de mis reflexiones no es muy alentador. Sin embargo, decidí no quedarme estático en esta cultura facilista de limitarse a la queja -cultura que con los años se viene fomentando-, sino que decidí repensar todo para tratar de encontrar otra alternativa que no muera en una simple ponencia, puesto que opinólogos en este país sobran.

¿Cómo empezar? En primer lugar, debemos ser conscientes de lo que está sucediendo porque aunque algunos no lo crean –a mí también me cuesta, pero pasa-, hay muchos que piensan que “así estamos bien”. Esto me lleva a alarmarme aún más y a decir que tenemos que poner las cosas sobre la mesa. ¿Qué tenemos? Un país que pasó de ser reconocido por su alto nivel educativo a obtener las calificaciones más lamentables entre los países latinoamericanos. Así lo destaca diario La Nación en una nota en donde refleja los resultados que arrojó el Informe del Programa Internacional de Evaluación para Estudiantes realizado durante 2006 entre alumnos de 15 años de 57 países, donde Argentina ocupa el puesto 53 en las evaluaciones de textos y el peor de los rendimientos en matemática y ciencias.

Es realmente angustiante esta situación, sobre todo si nos remontamos a aquellos años de la creación de la Universidad Nacional de La Plata, cuando su presidente Joaquín V. González, enfatizando en la investigación, la extensión universitaria, el intercambio permanente con importantes casas de estudios en el extranjero y la necesidad de la educación continua, quería unificar al país e incluso había logrado que nos destacáramos en toda Latinoamérica por la excelencia en la formación de profesionales.

Tanto reconocimiento, tanta calidad…. ¿Para qué? Hoy por hoy aquel esplendor y entusiasmo por la vida académica se cae a pedazos. La Universidad continúa formando grandes profesionales, pero los recursos son cada vez más escasos, los presupuestos más acotados y los programas poco a poco pierden complejidad. Sin dejar de lado cómo les cuesta a muchos estudiantes ingresar a la universidad en carreras cuyos cursos introductorios son de carácter eliminatorio. Pero no responsabilicemos al nivel superior. Esto es producto de un encadenamiento de situaciones. Las falencias están presentes en todos los niveles. Por ejemplo, las escuelas tienen computadoras, los chicos tienen sus equipos personales, pero al mismo tiempo, esos mismos establecimientos tienen ventanas sin vidrios en donde nadie puede soportar temperaturas como las de estos días. Chicos que a veces no tienen para comer, pero a quienes se les inculca la necesidad de entender qué es Wi-Fi y cómo hacerse amigos en Facebook.

Ahora bien, me pregunto ¿es posible educarse pasando frío y hambre? ¿Las netbooks del futuro nos cobijan? Yo creo que no. Pero bueno, si tan sólo ese fuera el único problema, tal vez la solución sería más inmediata, puesto que sólo tendríamos una cosa en la cual enfocarnos. Pero no. El problema radica en algo mucho más profundo. Hemos perdido valores como sociedad. Ir a la escuela muchas veces pasa más por una cuestión de “sociabilidad” que de otra cosa. Y claro que no está mal, es una de sus grandes funciones, pero pareciera que eso obnubila el verdadero foco de la cuestión: la formación. Y ahí es donde los valores trastabillan. El respeto hacia el docente, hacia las autoridades, ya no existe. Cualquier padre puede exigir que se apruebe a su hijo sin siquiera haber sido partícipe de su proceso de aprendizaje, sin haber abierto una carpeta, sin saber tampoco fechas de examen ni preocuparse por ello tampoco.

Y aún hay más! Se ha perdido la vocación por la docencia. Actualmente, muchas personas la eligen sólo como pronta salida laboral. Llegan a institutos terciarios con el único objetivo de obtener un papel que los habilite a cobrar un sueldo y no a formar personas.

La lista de infortunios en la educación sigue, y si además sumamos la falta de contextualización y la carencia de actualidad de muchos de los contenidos realmente estamos perdidos.

A pesar de este amargado panorama, siento que nada es imposible y que la solución está en nuestras manos si de verdad queremos un cambio. Se destinaron y destinan millones a cuestiones de inferior importancia, como por ejemplo la “transmisión pública” del fútbol y a la hora de invertir en educación… ¿Sólo se piensa en regalar computadoras a escuelas que ni siquiera tienen dónde enchufarlas? Creo que vamos entendiendo entonces dónde estamos fallando. Se necesita una buena inversión, en donde todos los niveles estén cubiertos y en donde verdaderamente podamos estar preparados para defendernos en cualquier parte del mundo. La tecnología es necesaria, y dentro de esta globalización en la que nos encontramos inmersos es menester conocer bien su uso. Pero las cosas deben hacerse respetando sus respectivas etapas. Antes que aprender a navegar en internet, un chico debe aprender a incorporar valores que de ninguna manera puede enseñárselos una computadora.

Vivimos quejándonos de Estados Unidos, de cómo nos superan y cómo ellos parecen ser los dueños de todo. Pero, ¿acaso le echamos un vistazo a la insistente atención que le prestan a todo lo que en cuanto a educación respecta?

Ya lo dije en la nota anterior, no miremos tanto para otro lado, ocupémonos de remendar todos los daños que sufrió nuestro país. No obstante también subrayé que si vamos a mirar para afuera aprendamos a copiar lo bueno que tienen otras naciones. Y si hay algo que no podemos negar es la creciente inversión que realiza Norteamérica en educación, puesto que tal como lo dijera su presidente en el año 2009 al momento de lanzar un nuevo plan: “Sabemos que el progreso económico y el educativo van a la par”. Ojalá nuestros gobernantes pensaran de esta forma, entendiendo los beneficios que podríamos obtener a nivel país con un sistema como éste que se financia en gran parte con aportes del sector privado receptados a modo de subsidios y donaciones. Una idea brillante que nos ayudaría a crecer y a recuperar la solidez y calidad de enseñanza que supimos tener alguna vez. Somos muchos los que deseamos el cambio y muchos más los que resultarán beneficiarios del mismo, básicamente un país entero.

Fabián Digiano