Como el quid de la cuestión, ésta es la RealPolitik de los hechos

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Deambulando por el plano laboral de nuestra ciudad, noté que según el INDEC el 40% de las personas que trabajan se encuentran en relación de dependencia de un empleo del Estado. Esto se debe claramente a que nuestra querida ciudad de las diagonales es asiento de organismos del Estado Provincial, es decir, Ministerios pertenecientes al Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial.

El quid de la cuestión sería deducir por qué si bien existe una amplia brecha entre el sector privado y el Estado, ambos no logran condensar el alto grado de desocupación (que algunos prefieren calcular mal) ni tampoco llegan a brindar la calidad que profesan en sus por demás trillados slogans.

Por otra parte, me resulta interesante destacar y estudiar qué sucede con el sector privado, el que se ve cuasi “desprotegido” al no estar explotado como merece y, por ende, no contar con la amplia oferta laboral que podría brindar. De este modo, vemos que el trabajo no depende exclusivamente de un solo sector.

En la RealPolitik de los hechos, si se analiza profundamente la cuestión laboral, se puede deducir que el empleo es dado tanto por el Estado como por el Sector Privado. Sin embargo, parece que el Estado pisa tan fuerte en este plano que se transforma en el gran proveedor de fuentes de trabajo, dejando en un grado muy inferior al Sector Privado.

Ahora bien,  si es el Estado el encargado de garantizar las fuentes de trabajo,  la pregunta que surge es si éste, al aumentar su plantilla de personal, también aumenta la calidad de prestación de servicios. Simultáneamente, nacen nuevas preguntas: ¿Por qué el sector privado no se expande y toma más personal? ¿Acaso las presiones fiscales no alientan? ¿Acaso los sectores que podrían invertir no son estimulados adecuadamente? Demasiados interrogantes para un aparente silencio. No obstante, una vez más, no pienso que todo esté perdido en este sentido, sino todo lo contrario.

Yo creo que es hora de que nuestra ciudad se levante y comprenda que si no genera mayor empleo del sector privado estaremos condenados a la mediocridad. No estamos en el medio de la nada, no carecemos de recursos. Tenemos una ciudad rica que pareciera resistirse a la buena explotación de su territorio. No nos confundamos, no es ella la que presenta carencias, sino muchos que no quisieron sacar a la luz las grandiosas obras que se pueden hacer.

Es momento de que nos enfrentemos a una realidad desenmascarada, sin trabas, sin antifaces, sin nada que nos impida ver y demostrar que somos fuertes y que podemos ir por muchísimo más dependiendo pura y exclusivamente de todo lo que La Plata tiene desde hace rato para darnos.

Si dejáramos de pensar todo en función del Estado como productor de fuentes de trabajo, podríamos darnos cuenta de que el sector privado podría crecer mucho más, considerando grandes magnitudes, de manera que nuestra querida y bellísima ciudad pudiera expandirse no sólo en lo económico sino que a también a nivel social.

Si nos apartamos un poco de la cuestión “proyecto” y nos centramos puntualmente en lo “concreto”, la ciudad se está propagando con la incorporación de recitales internacionales y la mismísima Copa América. En poco tiempo estamos recuperando el atractivo turístico que parecía perdido. La ciudad, de un modo u otro, se está “activando”.

Muchos platenses suelen decir que “no hay nada para hacer ya”, ni lugares a donde ir. Y esto es en parte cierto, si tenemos en cuenta que todo cierra, todo se agota. Los alquileres son insostenibles, lo que lleva a que muchos comerciantes deban mantener un estilo de vida nómada.  Algunos hasta sienten que invertir en esta ciudad es caer en una especie de estafa, por no poder tener asegurado un crecimiento, pues temen la caída prematura.

Esta es, como mencioné anteriormente la RealPolitik de los hechos: nos queda ser más determinantes y poner manos a la obra. Comprendo que con la crisis de los países del Mediterráneo, cualquier movimiento que requiera una inversión nos lleva a la duda de por qué a nosotros nos iría bien. Pero bueno, es cuestión de fe también, ¿no les parece?

Además, los proyectos que aquí existen no son pequeñeces, sino que están a la espera desde hace mucho tiempo para poder ser concretados. Entiendo que siempre es más fácil quedarse con lo que ya está instalado que preocuparse por instaurar ideas innovadoras que claramente puedan ser truncadas en un abrir y cerrar de ojos. Pero yo soy un convencido de que los cambios son buenos y de que es fundamental y menester que La Plata se deje ver en todo su esplendor.

Nuestra ciudad tiene proyectos inconclusos que fueron pensados en pos de conceder el crecimiento del sector privado, tales como el Aeropuerto y el Puerto nucleando a La Plata, Berisso y Ensenada. En este caso, el quid de la cuestión sería la voluntad de llevarlo a cabo, mientras que la RealPolitik de los hechos nos conduciría a transformar el proyecto en realidad… ¿No les parece que vale la pena arriesgarse?

Fabián Digiano

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COMO LA PELÍCULA, ESTRENAMOS NUEVA ENTREGA DE NUESTRA PROPIA SAGA “LA GRAN ESTAFA”

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Al parecer el vocablo estafa no se limita a la educación ni a la salud en nuestro querido suelo argentino. Aparentemente esta palabrita quiere instalarse en nuestra cotidianeidad, ya que todos los días encontramos algo nuevo por lo cual sentirnos burlados. Tal es el caso del Canon Digital que se trató por estos días en el Senado. Nada más y nada menos que una nueva forma de jugar con nuestro bolsillo, pero esta vez, en lugar de tener un argumento medianamente fundado y al menos con cierto dejo de coherencia, la idea básicamente constituye el culpabilizar a todos por un delito. ¿Qué quiere decir esto? ¿Por qué a todos? Y claro, es muy “lógico” supuestamente. y ya que hablamos de supuestos que mejor que un impuesto que castigue a los “malos” y a los “buenos” al mismo tiempo, puesto que en una cultura tan globalizada ciertamente los buenos se transforman en malos y viceversa (el viceversa está por verse, pero en fin..). Por ende, ante la duda, es preferible que todos paguen de más y listo. Porque indudablemente cualquiera podría verse tentado a dedicarse a la piratería. Algo muy “lógico” y sumamente necesario.

De esta manera, tanto fabricantes como importadores de soportes o dispositivos electrónicos deberán pagar un porcentaje adicional para compensar a aquellas conocidas entidades que agrupan a los autores, artistas y productores ante una posible copia privada de una obra. Es de mi interés subrayar la palabra posible porque es la que deja sin efecto a la palabra lógico que tanto entrecomillé al principio. No podemos permitir que nos sigan quitando los que nos corresponde, que nuestros bolsillos pertenezcan a la voluntad de unos pocos y no a la nuestra como debería ser. Además, es importante destacar que este proyecto de ley no distingue la copia privada que puede realizar un usuario particular de aquellas empresas o individuos que utilizan un soporte o dispositivo electrónico con fines comerciales o profesionales.

Para resumir un poco, el tema del Canon Digital tiene su antecedente en España (¿recuerdan que dije: qué bueno sería copiar los aspectos positivos de otras culturas? Bueno, NO es el caso). La idea es cobrar un monto superior al establecido en la compra de CD/DVDs vírgenes, discos rígidos, tarjetas de memoria, reproductores, grabadoras, etc., dado que se “supone” que su uso afectará a los “pobres artistas” por las pérdidas que significan en sus haberes dichas invenciones.

Ahora bien, yo me pregunto, aquellos que compramos DVDs para armar videos con fotos PERSONALES que descargamos en NUESTRAS computadoras PERSONALES gracias a las tarjetas de memoria, ¿Qué le debemos a entidades como la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (SADAIC), la Sociedad General de Autores de la Argentina (ARGENTORES), la Asociación Argentina de Intérpretes (AADI), la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI), la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (CAPIF), y los Directores Argentinos Cinematográficos (DAC)?????!!!!!!!!!!!!!!!!! ¿Acaso nosotros no somos los “artistas” de NUESTRAS PROPIAS obras??? ¿Quién nos compensa? Nadie. Al contrario, recibimos la multa, y pagamos más caros los productos “por las dudas”. No sea cosa que el día de mañana ese video familiar sea reciclado para copiar el último CD de Luciano Pereyra. Una vergüenza realmente.

Pero bueno, a no desesperar. Por el momento se ha suspendido el tratamiento del Canon Digital en el Senado por las innumerables críticas por parte de los usuarios (hecho que fue anunciado en forma de sorpresa, y yo aún no comprendo qué encuentran de novedoso en una reacción así ante un impuesto inconstitucional). En fin, la idea de todas maneras es continuar con el debate para poder “encontrar un equilibrio” y dudo que sea posible cuando la principal intención del proyecto se basa en beneficiar por demás a entidades que en sí no tienen por qué ser recompensadas con un impuesto que ha sido calificado en Europa como “ilegal, arbitrario e injusto”. Pero claro, esa parte algunos prefieren pasarla por alto, hacer de cuenta como que es una mera opinión de sectores opositores que no comprenden las bajas en las ventas ni a los “desolados artistas sin un centavo para comer”. Argumentos fundamentalmente irreales que suavizan el hecho de asumir que se está imponiendo una suba en los precios de dispositivos ante la presencia de “presuntos piratas”, aún cuando se contradice nada más y nada menos que a la Constitución Nacional.

No dejemos que nos sigan subestimando, el Canon Digital, tal como lo expresa el título de esta nota, es una verdadera estafa y si no utilizo un sinónimo de esta palabra es porque considero que es la más precisa y justa, digna de aplicar sobre algo tan injusto como este futuro impuesto. Me gustaría dejar de usar este término, pero sospecho que se seguirán emitiendo nuestras entregas de esta saga que se nos proyecta diariamente a muchos argentinos.

Fabián Digiano

QUE LA EDUCACIÓN NO SEA OTRA GRAN ESTAFA

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Hace mucho tiempo que vengo meditando acerca de la educación que en estas últimas décadas recibimos los argentinos y, sinceramente, el resultado de mis reflexiones no es muy alentador. Sin embargo, decidí no quedarme estático en esta cultura facilista de limitarse a la queja -cultura que con los años se viene fomentando-, sino que decidí repensar todo para tratar de encontrar otra alternativa que no muera en una simple ponencia, puesto que opinólogos en este país sobran.

¿Cómo empezar? En primer lugar, debemos ser conscientes de lo que está sucediendo porque aunque algunos no lo crean –a mí también me cuesta, pero pasa-, hay muchos que piensan que “así estamos bien”. Esto me lleva a alarmarme aún más y a decir que tenemos que poner las cosas sobre la mesa. ¿Qué tenemos? Un país que pasó de ser reconocido por su alto nivel educativo a obtener las calificaciones más lamentables entre los países latinoamericanos. Así lo destaca diario La Nación en una nota en donde refleja los resultados que arrojó el Informe del Programa Internacional de Evaluación para Estudiantes realizado durante 2006 entre alumnos de 15 años de 57 países, donde Argentina ocupa el puesto 53 en las evaluaciones de textos y el peor de los rendimientos en matemática y ciencias.

Es realmente angustiante esta situación, sobre todo si nos remontamos a aquellos años de la creación de la Universidad Nacional de La Plata, cuando su presidente Joaquín V. González, enfatizando en la investigación, la extensión universitaria, el intercambio permanente con importantes casas de estudios en el extranjero y la necesidad de la educación continua, quería unificar al país e incluso había logrado que nos destacáramos en toda Latinoamérica por la excelencia en la formación de profesionales.

Tanto reconocimiento, tanta calidad…. ¿Para qué? Hoy por hoy aquel esplendor y entusiasmo por la vida académica se cae a pedazos. La Universidad continúa formando grandes profesionales, pero los recursos son cada vez más escasos, los presupuestos más acotados y los programas poco a poco pierden complejidad. Sin dejar de lado cómo les cuesta a muchos estudiantes ingresar a la universidad en carreras cuyos cursos introductorios son de carácter eliminatorio. Pero no responsabilicemos al nivel superior. Esto es producto de un encadenamiento de situaciones. Las falencias están presentes en todos los niveles. Por ejemplo, las escuelas tienen computadoras, los chicos tienen sus equipos personales, pero al mismo tiempo, esos mismos establecimientos tienen ventanas sin vidrios en donde nadie puede soportar temperaturas como las de estos días. Chicos que a veces no tienen para comer, pero a quienes se les inculca la necesidad de entender qué es Wi-Fi y cómo hacerse amigos en Facebook.

Ahora bien, me pregunto ¿es posible educarse pasando frío y hambre? ¿Las netbooks del futuro nos cobijan? Yo creo que no. Pero bueno, si tan sólo ese fuera el único problema, tal vez la solución sería más inmediata, puesto que sólo tendríamos una cosa en la cual enfocarnos. Pero no. El problema radica en algo mucho más profundo. Hemos perdido valores como sociedad. Ir a la escuela muchas veces pasa más por una cuestión de “sociabilidad” que de otra cosa. Y claro que no está mal, es una de sus grandes funciones, pero pareciera que eso obnubila el verdadero foco de la cuestión: la formación. Y ahí es donde los valores trastabillan. El respeto hacia el docente, hacia las autoridades, ya no existe. Cualquier padre puede exigir que se apruebe a su hijo sin siquiera haber sido partícipe de su proceso de aprendizaje, sin haber abierto una carpeta, sin saber tampoco fechas de examen ni preocuparse por ello tampoco.

Y aún hay más! Se ha perdido la vocación por la docencia. Actualmente, muchas personas la eligen sólo como pronta salida laboral. Llegan a institutos terciarios con el único objetivo de obtener un papel que los habilite a cobrar un sueldo y no a formar personas.

La lista de infortunios en la educación sigue, y si además sumamos la falta de contextualización y la carencia de actualidad de muchos de los contenidos realmente estamos perdidos.

A pesar de este amargado panorama, siento que nada es imposible y que la solución está en nuestras manos si de verdad queremos un cambio. Se destinaron y destinan millones a cuestiones de inferior importancia, como por ejemplo la “transmisión pública” del fútbol y a la hora de invertir en educación… ¿Sólo se piensa en regalar computadoras a escuelas que ni siquiera tienen dónde enchufarlas? Creo que vamos entendiendo entonces dónde estamos fallando. Se necesita una buena inversión, en donde todos los niveles estén cubiertos y en donde verdaderamente podamos estar preparados para defendernos en cualquier parte del mundo. La tecnología es necesaria, y dentro de esta globalización en la que nos encontramos inmersos es menester conocer bien su uso. Pero las cosas deben hacerse respetando sus respectivas etapas. Antes que aprender a navegar en internet, un chico debe aprender a incorporar valores que de ninguna manera puede enseñárselos una computadora.

Vivimos quejándonos de Estados Unidos, de cómo nos superan y cómo ellos parecen ser los dueños de todo. Pero, ¿acaso le echamos un vistazo a la insistente atención que le prestan a todo lo que en cuanto a educación respecta?

Ya lo dije en la nota anterior, no miremos tanto para otro lado, ocupémonos de remendar todos los daños que sufrió nuestro país. No obstante también subrayé que si vamos a mirar para afuera aprendamos a copiar lo bueno que tienen otras naciones. Y si hay algo que no podemos negar es la creciente inversión que realiza Norteamérica en educación, puesto que tal como lo dijera su presidente en el año 2009 al momento de lanzar un nuevo plan: “Sabemos que el progreso económico y el educativo van a la par”. Ojalá nuestros gobernantes pensaran de esta forma, entendiendo los beneficios que podríamos obtener a nivel país con un sistema como éste que se financia en gran parte con aportes del sector privado receptados a modo de subsidios y donaciones. Una idea brillante que nos ayudaría a crecer y a recuperar la solidez y calidad de enseñanza que supimos tener alguna vez. Somos muchos los que deseamos el cambio y muchos más los que resultarán beneficiarios del mismo, básicamente un país entero.

Fabián Digiano