Art. 1º de la Constitución Nacional Argentina: La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal, según la establece la presente Constitución.

Comenzar una nota con este artículo de nuestra Constitución es precisamente enfatizar en algo que viene dando vueltas por mi cabeza hace rato: “¿unitarios o federales?”. La pregunta se debe nada más y nada menos que a la ambigüedad que venimos padeciendo desde hace largo tiempo, puesto que por un lado se respeta el federalismo (considerando la cuasi independencia de las provincias), pero por otro hay algo que no deja de llamarme la atención: ¿cómo puede ser que un gobierno nacional tenga que mandar fondos a un municipio para que realice obras de tendidos de agua potable y cloacas? Me parece que un gobierno nacional debe atender otros problemas más importantes. En este caso, el mismo municipio debería solventar esas necesidades con recursos generados por el mismo. De estas reflexiones es que surge el interrogante de si somos un país unitario o federal.

Desde hace ya unos cuantos años (no voy a definir bien cuántos porque no me interesa dar nombres) que venimos hablando de federalismo, y, al mismo tiempo, soportando el reinado de quienes se comieron el papel del partido Unitario del siglo XIX.

Ahora bien, unitarios, federales… ¿RealPolitik? ¿Y eso? ¿Qué tiene que ver? Digamos que se trata de algo así como lo que en psicología llaman “asociación libre”. ¿Por qué? Porque al pensar en un gobierno unitario inmediatamente se me vino a la cabeza uno de los precursores de la RealPolitik: Nicolás Maquiavelo, quien sostenía en su conocida obra “El Príncipe” que “la única preocupación de un príncipe debería ser la de buscar y retener el poder, sin importar consideraciones éticas o religiosas” (no olvidemos el Art. 2º: El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano. Artículo por demás olvidado por algunos). La asociación, entonces, viene por ese lado. Si los unitarios proclamaban la centralización del poder, podemos hacer la relación directa con la situación a la que, desagraciadamente, nos hemos acostumbrado: una persona que, dejando de lado ideales y cuestiones éticas (tal como reza la RealPolitik), se vuelca hacia la pragmática. A ver, si lo observamos desde la teoría suena más que interesante. El problema radica en que la pragmática para determinadas personas, en este país, es cuestión de unos pocos y responde a los intereses de un grupo más reducido aún. Si bien no es mi intención -al menos no hoy- describir el sentido de la RealPolitik, me gustaría tomar este punto importante para hacer más gráfica mi opinión. En otro momento, seguramente, podamos hacer debates y descripciones varias sobre las características de la RealPolitik, determinando sus pros y contras. Pero hoy no. Hoy focalicemos en esta ambigüedad de la que somos partícipes.

Tenemos un país federal, pero algunos practican el unitarismo. Sorprendente, ¿no? NO. No es sorprendente. La mayoría de los habitantes, desafortunadamente nos hemos acostumbrado a una cuasi monarquía, donde, tal como describe Maquiavelo, todo depende de “el príncipe”, el líder, ese ser único y omnipotente capaz de poner en sus manos a toda una nación.

Me pregunto entonces, ¿cómo puede una sola persona encargarse de tantas cuestiones (innumerables en un territorio tan grande), asumir tantos compromisos y encima hacer todo bien? Es justamente el federalismo el que permite que puedan cubrirse las diversas necesidades, gracias a la distribución de responsabilidades y obligaciones. Sin embargo, parece que algunos no comprenden eso, volcándose hacia una conducta anticonstitucional. Un problema que estuvo muy presente sobre todo hace un tiempo con el conocido conflicto entre las entidades agropecuarias y las tan cuestionadas retenciones.

Ahora bien, seamos más concretos aún. Vayamos a un ejemplo más pequeño. Hablamos de nación, de provincia, pasemos a la ciudad.
En el caso puntual de la ciudad de La Plata es por todos conocidos la implementación del sistema de estacionamiento medido: un sistema creado y nacido con la actual gestión, a la cual felicito. No obstante, si lo pensamos desde una noción pura de federalismo, podríamos ver que si estos fondos generados genuinamente se orientaran exclusivamente a la realización de obras de tendidos de agua potable y cloacas en conjunto con la empresa ABSA, podría lograrse que en un período de 4 años tal vez tuviéramos una cobertura del 100% de la población de la ciudad con estos servicios. Ahora sí sorprende, ¿no? El tema es conseguir que aquellos a los que “no les conviene” por fin dejen de lado sus visiones individualistas, o, de hecho, dejen lugar a nuevas voces capaces de cumplir con algo tan significativo y menesteroso. Suena utópico, al mejor estilo Tomás Moro (para seguir en la línea de conocidas personalidades). Quiero pensar que simplemente “suena”, puesto que no me parece imposible.

Todos sabemos que tener agua potable en términos de sanidad es como tener antibióticos. Por ende, ¿cuántas enfermedades se evitan con el aseo y el uso de este vital elemento? Me parece un tema que llama a la profunda reflexión y que, por ello, sería hora de que nos comportemos realmente como la República Federal que profesamos en nuestra Constitución.

Fabián Digiano