LA PLATA Y LA REALPOLITIK: PROYECTOS QUE PIDEN MATERIALIZACIÓN

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Retomando el concepto de Realpolitik que vengo expresando en varias notas, recordamos que éste se basa en el accionar concreto e inmediato ante determinadas situaciones. En este caso, urge a los habitantes de la ciudad de La Plata la puesta en marcha de los proyectos que están dando vueltas entre papeles y debates desde hace ya un tiempo. Particularmente, me voy a detener en la extensión de la autopista La Plata – Buenos Aires hasta Berisso, dado que la realización de esta obra facilitaría el descongestionamiento de la avenida 60. Fundamentalmente, este hecho será indispensable para el momento en que se ponga en funcionamiento la ampliación del Puerto de la ciudad.

En la Realpolitik de los hechos, esto debería haber comenzado en la mañana de ayer cuando aparentemente se realizaría la apertura de los sobres de la licitación pública en dependencias de Vialidad Nacional. Lamentablemente, tal como informó hoy el diario El Día, el acto “debió ser aplazado por detalles técnicos, aunque no se dieron precisiones respecto de cuáles fueron los puntos que motivaron esa suspensión”.

“La obra encarada desde el ministerio de Planificación Federal de la Nación, se divide en dos secciones: la primera abarca los sectores denominados como Distribuidor Ensenada, avenida del Petróleo y el acceso portuario camino Rivadavia; mientras que la otra comprende la avenida del petróleo y empalme con Ruta 11.”

Hasta el momento parece que la fecha se extenderá para los primeros días de agosto, pero habrá que esperar para que se den a conocer los datos precisos. No obstante, no debemos olvidarnos de esto y bogar para que se cumpla, ya que constituye un hecho de suma importancia para nuestra ciudad.

Volvamos a los detalles que mencionaba en notas a priori, relacionadas al turismo y al crecimiento de nuestra querida ciudad de las diagonales. Es menester que se produzcan estas obras, teniendo en cuenta el colapso que se podría generar con el incremento de transportes de carga, realidad que ya se plasma en las calles, si se tienen en cuenta los problemas de tránsito que aparecen en las horas pico.

Por esta razón, reiterando el modus operandi de la Realpolitik, tan profesado por muchos, se debería de una vez por todas reconocer la inmediatez de la cuestión y poner manos a la obra sin retrasos ni “problemas técnicos”. Entiendo que en todo proyecto pueden aparecer “imprevistos”, pero no permitamos que se demore mucho más y quede en el olvido como suele pasar en un país en donde se habla mucho de “memoria”, pero, a la hora de actuar, los golpes en la cabeza y las pérdidas de conocimiento dicen firmemente “presente”.

Lejos de esbozar críticas y manifestar posturas políticas, lo que necesito dejar en claro es el grado de importancia que sugiere la prolongación de la Autopista, teniendo en cuenta que el proyecto consiste en una “obra nueva y duplicación de calzada, construcción de puentes, intersecciones y viaductos, provisión e instalación de todos los elementos necesarios para la completa iluminación del tramo, construcción de alcantarillas transversales y señalamiento vertical y horizontal”.

Una vez más sostengo que debemos dejar de lado las banderas a la hora de promover obras que favorezcan el desarrollo social en nuestra ciudad y pensar en que, podemos estar de acuerdo o no con quienes planteen la realización de obras, pero lo que verdaderamente vale es el sentido de este trabajo. Si queremos a nuestra ciudad y bregamos por su progreso, no nos va a importar el quién sino el qué.

Personalmente, sin responder a nadie más que a mi ciudad, propongo algo que he reiterado en más de una oportunidad: la reflexión y un fuerte sentido de la responsabilidad para que los papeles y las promesas se transformen en hechos concretos, para que los proyectos se materialicen y para que todos tomemos conciencia de que La Plata es grande y puede serlo aún mucho más si tenemos no sólo la convicción de que se puede sino también el compromiso de luchar para que todas las obras que se mencionan en pintorescos discursos constituyan la realidad que nos rodea e iluminemos al país entero con el brillo que tiene para brindar nuestra adorada y magnífica ciudad.

Fabián Digiano

Como el quid de la cuestión, ésta es la RealPolitik de los hechos

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Deambulando por el plano laboral de nuestra ciudad, noté que según el INDEC el 40% de las personas que trabajan se encuentran en relación de dependencia de un empleo del Estado. Esto se debe claramente a que nuestra querida ciudad de las diagonales es asiento de organismos del Estado Provincial, es decir, Ministerios pertenecientes al Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial.

El quid de la cuestión sería deducir por qué si bien existe una amplia brecha entre el sector privado y el Estado, ambos no logran condensar el alto grado de desocupación (que algunos prefieren calcular mal) ni tampoco llegan a brindar la calidad que profesan en sus por demás trillados slogans.

Por otra parte, me resulta interesante destacar y estudiar qué sucede con el sector privado, el que se ve cuasi “desprotegido” al no estar explotado como merece y, por ende, no contar con la amplia oferta laboral que podría brindar. De este modo, vemos que el trabajo no depende exclusivamente de un solo sector.

En la RealPolitik de los hechos, si se analiza profundamente la cuestión laboral, se puede deducir que el empleo es dado tanto por el Estado como por el Sector Privado. Sin embargo, parece que el Estado pisa tan fuerte en este plano que se transforma en el gran proveedor de fuentes de trabajo, dejando en un grado muy inferior al Sector Privado.

Ahora bien,  si es el Estado el encargado de garantizar las fuentes de trabajo,  la pregunta que surge es si éste, al aumentar su plantilla de personal, también aumenta la calidad de prestación de servicios. Simultáneamente, nacen nuevas preguntas: ¿Por qué el sector privado no se expande y toma más personal? ¿Acaso las presiones fiscales no alientan? ¿Acaso los sectores que podrían invertir no son estimulados adecuadamente? Demasiados interrogantes para un aparente silencio. No obstante, una vez más, no pienso que todo esté perdido en este sentido, sino todo lo contrario.

Yo creo que es hora de que nuestra ciudad se levante y comprenda que si no genera mayor empleo del sector privado estaremos condenados a la mediocridad. No estamos en el medio de la nada, no carecemos de recursos. Tenemos una ciudad rica que pareciera resistirse a la buena explotación de su territorio. No nos confundamos, no es ella la que presenta carencias, sino muchos que no quisieron sacar a la luz las grandiosas obras que se pueden hacer.

Es momento de que nos enfrentemos a una realidad desenmascarada, sin trabas, sin antifaces, sin nada que nos impida ver y demostrar que somos fuertes y que podemos ir por muchísimo más dependiendo pura y exclusivamente de todo lo que La Plata tiene desde hace rato para darnos.

Si dejáramos de pensar todo en función del Estado como productor de fuentes de trabajo, podríamos darnos cuenta de que el sector privado podría crecer mucho más, considerando grandes magnitudes, de manera que nuestra querida y bellísima ciudad pudiera expandirse no sólo en lo económico sino que a también a nivel social.

Si nos apartamos un poco de la cuestión “proyecto” y nos centramos puntualmente en lo “concreto”, la ciudad se está propagando con la incorporación de recitales internacionales y la mismísima Copa América. En poco tiempo estamos recuperando el atractivo turístico que parecía perdido. La ciudad, de un modo u otro, se está “activando”.

Muchos platenses suelen decir que “no hay nada para hacer ya”, ni lugares a donde ir. Y esto es en parte cierto, si tenemos en cuenta que todo cierra, todo se agota. Los alquileres son insostenibles, lo que lleva a que muchos comerciantes deban mantener un estilo de vida nómada.  Algunos hasta sienten que invertir en esta ciudad es caer en una especie de estafa, por no poder tener asegurado un crecimiento, pues temen la caída prematura.

Esta es, como mencioné anteriormente la RealPolitik de los hechos: nos queda ser más determinantes y poner manos a la obra. Comprendo que con la crisis de los países del Mediterráneo, cualquier movimiento que requiera una inversión nos lleva a la duda de por qué a nosotros nos iría bien. Pero bueno, es cuestión de fe también, ¿no les parece?

Además, los proyectos que aquí existen no son pequeñeces, sino que están a la espera desde hace mucho tiempo para poder ser concretados. Entiendo que siempre es más fácil quedarse con lo que ya está instalado que preocuparse por instaurar ideas innovadoras que claramente puedan ser truncadas en un abrir y cerrar de ojos. Pero yo soy un convencido de que los cambios son buenos y de que es fundamental y menester que La Plata se deje ver en todo su esplendor.

Nuestra ciudad tiene proyectos inconclusos que fueron pensados en pos de conceder el crecimiento del sector privado, tales como el Aeropuerto y el Puerto nucleando a La Plata, Berisso y Ensenada. En este caso, el quid de la cuestión sería la voluntad de llevarlo a cabo, mientras que la RealPolitik de los hechos nos conduciría a transformar el proyecto en realidad… ¿No les parece que vale la pena arriesgarse?

Fabián Digiano